Elegir un pescado fresco no siempre es tan sencillo como parece, pero hay algunas señales que ayudan a identificarlo. Los ojos deben verse brillantes y transparentes, la piel ha de conservar un aspecto húmedo y reluciente, y las agallas presentar un color rojo vivo. Además, un pescado fresco desprende un olor suave a mar, nunca intenso ni desagradable. Sin embargo, más allá de estas claves, contar con el asesoramiento de profesionales sigue siendo la mejor garantía.
En las pescaderías del Mercat de l’Olivar la experiencia y el conocimiento de los vendedores permiten orientar a cada cliente según sus necesidades. Saber qué especies están en su mejor momento, cómo prepararlas o cuál es la mejor opción para una receta concreta forma parte del valor añadido que ofrece el comercio de proximidad.
La cercanía con el producto y con quienes lo seleccionan cada día garantiza no solo calidad y frescura, sino también una compra más informada y satisfactoria. Porque detrás de cada pieza de pescado hay profesionales comprometidos con llevar lo mejor del mar directamente a tu mesa.

